Peru
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Autogol


La dupla Jorge Montoya - Patricia Chirinos gracias a una moción de vacancia muy mal elaborada, permitió que 73 congresistas no la respalden.

Tan mala que de las 70 citas señaladas, 63 provenían de noticias periodísticas, algo que denota pereza mental en lugar de consignar la documentación adecuada.

La moción repetía los mismos puntos de la primera, presentada por la libre, por la serena congresista Patricia Chirinos. Animado quizás por tanta flojera de la oposición, el presidente Pedro Castillo cambió de estrategia, presentándose personalmente junto con su abogado.

En uno de sus escasos aciertos, escogió para su defensa a un conocido profesor sanmarquino. Entonado por su intervención la semana previa, cuando recitó de nuevo el mensaje de su primer ministro, no tuvo empacho en proclamar su inocencia.

El doctor José Palomino Manchego dictó una clase de derecho en la que demolió el inconsistente documento del temible duo.

Refutó acusaciones sin pruebas serias, salvo el comentario de algún medio. Reiteró la presunción de inocencia ante investigaciones en curso. Desechó la majadería de la traición a la patria por la salida al mar para Bolivia, un grueso error político del mandatario sobre el cual pidió públicas disculpas.

Ironizó acerca de los malos ministros recordando que la feroz oposición le otorgó el voto de confianza a los tres gabinetes que lo solicitaron.

Arrinconada, la extrema derecha empezó a repetir que se trataba de un debate político y no jurídico.

Así mostraron su completa orfandad, pues no entienden que la política se sustenta y desarrolla en el orden constitucional y legal.

Desde el fin de la dictadura militar, con la aprobación de la Carta Magna de 1979, el Perú adopta la forma política de un Estado constitucional de derecho, basado en la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

A partir de entonces deja de regir el arbitrio o el deseo del dictador, para ser reemplazado por la vigencia de un entramado de normas, leyes e instituciones que surgen de los derechos fundamentales.

El núcleo duro del fujimorismo quiso retroceder en ese propósito con la Constitución de 1993, al debilitar algunos derechos e introducir el contrasentido del estado subsidiario.

Desde la vergonzosa fuga de Alberto Fujimori y su destitución por incapacidad moral permanente, una treintena de reformas recuperaron en parte el espíritu original.

Los extremistas de derecha e izquierda no comprenden para nada el Estado constitucional. Unos y otros pretenden que el poder dependa de la voluntad de quien lo posee, no del interés general ni del respeto a la ciudadanía.

No le fue pues complicado al profesor Palomino fulminar a tales adversarios.

Ello no salva en absoluto el mal gobierno de Castillo y Perú Libre. Vivimos ocho meses de un régimen decadente, donde un gobernante sin mayor cultura política recluta gente prontuariada y en general de muy baja calificación para los cargos públicos. La consecuencia, una rebatiña de obras y puestos públicos para quienes el Estado es un botín.

La astucia política de los vacadores alcanza momentos destacados, como cuando esgrimen como motivo la desaprobación en las encuestas, siendo la del Congreso veinte puntos mayor.

Tan peculiares indicadores quizás se expliquen por el paupérrimo bagaje conceptual de sus promotores y publicistas, estrictamente limitado a los términos caviar y comunista. A partir de su uso irrestricto pretenden explicar cualquier acontecimiento cósmico.

El estólido binomio es pues la mejor garantía palaciega.

Como no se puede volver a repetir por tercera vez los elementos contenidos en la luminosa propuesta de vacancia no queda más que esperar el desarrollo de las investigaciones del Ministerio Público y las medidas que adopte el Poder Judicial por las serias irregularidades cometidas por el Ejecutivo.