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La falta de Gobierno ya va para opereta

Pasearse por ambientes periodísticos, políticos y universitarios de América en estas fechas resulta agotador, porque hay que explicar varias veces por día el enigma de que en España aún no tengamos gobierno dos meses después de las elecciones; y que no es seguro que lo haya en octubre, aun con otro candidato, porque depende de un prófugo de la Justicia que vive en Bruselas: o si repetiremos elecciones el 14 de enero. Sería la tercera vez consecutiva que eso sucede. Créanme que es difícil aclarar a extranjeros, en entrevistas periodísticas y conversaciones privadas, lo que resulta difícil comprender aquí.

Pero hay más. Por si no estaba suficientemente confuso el asunto, reaparecen ahora dos expresidentes de Gobierno, Aznar y Felipe González, para suplicar que se facilite el Gobierno al candidato conservador Núñez Feijóo, el más votado, porque no le dan los números para su investidura. Hace falta que cuatro diputados socialistas, o de otro partido del bloque progresista, cambien su voto. Más madera.

Veremos como termina, pero, por especular, ese “cambiazo” -o peor sería el “tamayazo”, es decir la compra de cuatro diputados- no se ve viable; y menos con tanto foco mediático encima. Por lo tanto, si fracasa la investidura de Núñez Feijóo, Pedro Sánchez recibirá el encargo del Rey de formar gobierno en octubre, Pero, atentos a la pantalla, porque, aunque todo eso suceda, la opereta política española podría reservarnos otros emocionantes capítulos. Por de pronto, habrá que ver la que monta el guionista Carles Puigdemont para garantizar su apoyo a Pedro Sánchez. Y todavía más: lo que es capaz de escribir en el libreto Pablo Iglesias, fundador y jefe supremo de Podemos, a la vez que reconocido autor de sorpresas en el teatro político. Para que se hagan idea de lo que puede

suceder, un destacado intelectual que defendió a Podemos desde siempre, no descarta ahora que en una eventual investidura del candidato socialista, los cinco diputados podemitas se planten si no se les garantizan dos ministerios; y uno de ellos para Irene Montero. Así, como suena. “No creo que se atrevieran a votar en contra -matiza después de decir con tristeza que “han perdido el norte”- pero a abstenerse sí, con lo cual la dependencia de Puigdemont sería total”. Díganme si esta teleserie política española no merece una producción que, siendo rigurosamente informativa, superaría a cualquier ficción.

El único alivio a las consecuencias de esta opereta interminable es que de momento la economía no se resiente y que en Europa no se inquietan. De un lado, las previsiones de la propia Unión Europea, según ha reiterado el comisario Paolo Gentiloni, indican que España resistirá mejor que otros la previsible retracción de la economía. Por otro, el vicepresidente europeo Josep Borrell, Alto Representante de Exteriores y Seguridad, afirma que “no se detecta inquietud en el ámbito europeo por lo sucedido tras las elecciones del 23 de julio”. En Bruselas se celebró el retroceso de Vox, la ultraderecha española que bajó de 52 a 33 diputados. Inquieta la ultraderecha en cualquier país por su carácter eurófobo. 

Más atención suscita lo que pueda suceder con una eventual “amnistía de amplio espectro”, como reclama el independentista Puigdemont, por si eso pudiera acarrear impunidad para nuevas intentonas secesionistas. Preocupa por España y por el riesgo de contagio en países como Francia, Italia y otros donde también existen movimientos de corte separatista. ¡Cuántos problemas reales por resolver y cuánta comedia política!