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El cuidado de las mascotas

Desde tiempos inmemorables el hombre buscó la compañía de algunos animales silvestres que domesticó e integró a su entorno familiar, logrando con esa relación hombre-animal, sumarlos a las actividades laborales, de compañía y seguridad, entre otras tareas.

Tan fuerte ha sido esta relación que se han creado legislaciones y normativas universales para su protección y hacer valer una serie de derechos como el de la vida y la dignidad, como cualquier ser vivo.

A pesar de ello, muchas personas insisten en no dar el mejor cuidado a los animales de compañía o mascotas, al descuidar el manejo en cuanto a su salud y alimentación. Todas estas anomalías son repudiables y castigadas por ley, y mucho más abominable cuando son maltratados físicamente por sus dueños, propinándoles lesiones y hasta la muerte.

De aquí, la gran cantidad de animales domésticos utilizados como mascotas deambulando por las calles en busca de alimento y protección, multiplicando su población sin el mínimo control e interpretada por muchos como plagas y canal para la propagación de enfermedades infectocontagiosas.

A pesar de los albergues y lugares donde gente de bien brinda auxilio y les gestionan un nuevo hogar, no se dan abasto por el costo de su alimentación y mantenimiento, incluyendo salud y medicinas. Hay que reconocer el aporte a través de donaciones que hacen personas e instituciones a estas agrupaciones que recogen a las mascotas abandonadas por sus dueños, ya sea por razones económicas, enfermedades, espacios o vejez del animal que formaba parte de la familia.

Existe una mala práctica que cada día crece y se fortalece al mascotismo de forma irresponsable hasta convertirlo en un negocio del mercado negro y recae en el tráfico de especies exóticas y animales de fauna silvestre en peligro o amenazados por la extinción. La tenencia de animales silvestres tiene múltiples repercusiones, ya sea por la trasmisión de enfermedades infectocontagiosas hacia los humanos (Zoonosis), o el estrés que les provoca la separación de su entorno natural.

Las especies de fauna silvestre desde su hábitat selvático cumplen un cometido natural de equilibrio y control biológico, dispersando las semillas para repoblar y abonar los bosques, al alimentarse de roedores, insectos y otras especies controlan su proliferación masiva y la transmisión de virus, hongos, parásitos y bacterias contagiosas. Estos animales de fauna montés nunca se logran domesticar y en ocasiones al perder el olfato y otros instintos salvajes hasta atentan contra los humanos.

En culturas y sociedades maduras no necesitan aplicar normativas protectoras, consideran que la misma madre naturaleza los creó para ser libres y no presas del tráfico de especies silvestres y exóticas a ultranza de interés económico. En la República de Panamá está la Ley 24 de 7 de junio de 1995, Decreto Ejecutivo No 43 del 7 de julio de 2004 y la Resolución 0138 de 2004, “Por la cual se establece la Legislación de vida silvestre” y la considera como parte del patrimonio natural y declara de dominio público su protección y conservación…”, por lo que aplicará sanciones a los que sorprenden en abierto desafío a normativas ambientales vigentes con el decomiso de la especie, multas y hasta pena de cárcel.

Las invasiones humanas atentan contra la pérdida del hábitat de la fauna silvestre y ponen en riesgo su sobrevivencia en manos de depredadores o de cazadores furtivos.

Estos animales de faunas selváticas que llegan exhaustos y desorientados a nuestras casas y demás prados cercanos por la pérdida de su habitad, no deben tomarse como mascotas ni de alimento para los humanos, ya que se exponen al contagio de una serie de patologías infectocontagiosas. Estas enfermedades zoonóticas se dan en diferentes vías, del ser humano a los animales y viceversa, provocadas por las mismas bacterias, virus, parásitos y hongos, entre otras enfermedades difíciles de diagnosticar.

Administrador público y docente.